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Roma, la clásica diferente

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Que Roma se hace querer, no hay duda. Lo lleva implícito en su nombre. Pero queremos que la ames de verdad, por su patrimonio, por su autenticidad y sobre todo por su irresistible gastronomía.

Roma es la ciudad italiana que más visitas recibe al año, - en 2017 pasaron por ella 9,3 millones de turistas, según la consultora Euromonitor International – y se mantiene en el tercer puesto de las diez ciudades europeas más visitadas. Por eso, si aún no la conoces, ¿a qué esperas? Y si ya has estado, redescúbrela, porque Roma sorprende cada que vez que vuelves. ¿Qué tal si lo haces a bordo de una auténtica Vespa? Audrey Hepburn y Gregory Peck la recorrían sobre dos ruedas en la mítica película Vacaciones en Roma, pasando por monumentos tan emblemáticos como el coliseo, - la arena donde se batían los gladiadores, que data del siglo I d.C.-, los foros imperiales, la bocca della veritá o el monumento a Vittorio Emanuele II.

Este salto por la historia de la Roma más antigua a la reciente del siglo XX, con el monumento a Vittorio Emanuele II, dedicado al primer rey de la Italia unificada e inaugurado en 1911, es un buen punto de partida para redescubrir la ciudad. ¿Cómo? Pues subiendo a su elevador, prácticamente desconocido, ya que desde éste puedes tener una panorámica inesperada y poco masificada de la ciudad. Con los pies de nuevo en la tierra, dirígete hacia la Piazza del Campodoglio, diseñada por el gran artista Miguel Ángel, y saluda a Rómulo y Remo, la escultura que narra el origen fundacional de la Ciudad Eterna. Bajando por las escaleras de la plaza, es momento de dirigirse a Santa María en Cosmedin e introducir la mano en la bocca della veritá.

 

 

Si continúas con tu mano intacta, es hora de cruzar el río Tíber, hacia el emblemático barrio del Trastevere. Este laberinto de calles, plazuelas e iglesias es uno de los barrios bohemios más queridos por lugareños y visitantes. Aquí sólo hace falta callejear y perderse, aunque hay que llegar sí o sí a la Basilica de Santa María in Trastevere, la iglesia más antigua de Roma, cuyos mosaicos son una auténtica delicia. Al igual que los gelati que puedes tomar tranquilamente en la plaza de la iglesia o bien los deliciosos platos que puedes degustar en cualquiera de los restaurantes de gran autenticidad que proliferan por la zona.  

Tras la pausa de la comida, toca retomar este breve recorrido por la ciudad eterna subiendo a la colina de Gianicolo, desde donde puedes disfrutar de unas vistas envidiables de la ciudad. Con esta fotografía, vuelve a adentrarte por el centro histórico y dirígete hacia la Piazza de Espagna, con su emblemática escalinata y toma la Via dei Condotti, una de las calles comerciales más importantes de la ciudad. Por la Via del Corso llegarás a la Piazza Colonna, una imponente plaza con decenas de columnas donde se encuentra la columna dedicada a Marco Aurelio. Ya sólo falta recorrer la Via delle Muratte para llegar a la famosa Fontana di Trevi, del siglo XVIII, donde debes realizar el ritual de lanzar monedas y esperar a que se cumpla el deseo…

Il piacere de la gastronomía romana

Para deseos cumplidos los que tienen que ver con el paladar, porque la gastronomía romana es una de las más preciadas y universales. Lo que no faltará en cualquier mesa de Roma son sus ingredientes de origen campesino: verduras, quesos, embutidos, vinos y por supuesto ¡el aceite de oliva! Entre las primeras, no habrá puesto en mercados o cartas de restaurantes que no las mencionen: las alcachofas (carciofi) y las flores de calabacín forman parte del recetario más tradicional. Asimismo, los quesos, como el pecorino romano, aderezan buonissimos platos de pasta que los romanos preparan con gran mimo.  

La pausa en el barrio artístico del Trastevere te dará una muy buena y amplia paleta de opciones para elegir auténtica comida de la región de El Lazio. En la mesa, prueba los supplì allá romana, unas irresistibles croquetas de arroz, tomate, carne y queso mozzarella que cualquier mamma o nonna italiana saben preparar desde hace generaciones. Pero la maestría de los romanos también se nota en la preparación de los carciofi alla giuda, alcachofas “a la romana” o las flores de calabacín, rebozadas y fritas que son un bocado crujiente difícil de resistir como antipasti. Si prefieres algo más ligero, siempre puedes optar por las famosas bruschetta, rebanadas de pan con diferentes embutidos o quesos, como el famoso pecorino, queso de oveja curado de la zona.

 

 

Un viaje a la cocina romana es, ante todo, un viaje placentero para las papilas gustativas porque si de algo saben en la capital italiana es de ¡Pasta! Sus platos más emblemáticos están aquí y en nuestros restaurantes puedes probar muchos de ellos. Como los famosos spaghetti alla carbonara, hechos con huevo batido, guanciale (una parte de la mejilla del cerdo, parecida a la panceta), queso pecorino y pimienta, los spaghetti all’amatriciana, nombre que recibe del pueblo de Amatrice, que lleva salsa de tomate, guanciale y pecorino romano y pimienta y los spaghetti cacio e pepe, simplemente rehogados con ajo, aceite de oliva virgen extra y queso pecorino.

Para pasta corta tienes los pennette all’ arrabbiata, que reciben ese nombre por el picante de la salsa, hecha con ajo, guindilla y tomate y también la pasta alla checca, un plato que puede elaborarse con cualquier pasta corta (maccheroni, fusilli, farfalle…) y se elabora con una salsa casera de tomate y queso mozzarella, una opción más ligera dentro del recetario romano. Por último y si quieres salirte de la norma, opta por unos gnocchi alla romana. En la capital italiana los preparan en forma de disco, con huevo, harina de sémola, queso y mantequilla. Un auténtico piacere que te dejará con ganas de seguir saboreando la bella y eterna roma.