La capital de la región de Campania mira desafiante al horizonte, como puerto importante que fue bajo el mandato de las primeras civilizaciones que la conquistaron. Su privilegiada ubicación, con salida al mar Tirreno, convirtió Nápoles en un importante baluarte y puerto comercial de gran peso histórico desde el siglo II a.C. Tanto es así, que la riqueza de su casco histórico (palacios, castillos, iglesias, monumentos) ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. A su encanto se añaden las tradiciones de sus gentes, la naturalidad de la vida cotidiana que se cuela por sus callejuelas, las ropas tendidas de las casas y en el camino sorprende detenerse para admirar algunos de los testimonios arquitectónicos que seducen a cualquier visitante.
La capital de la región de Campania mira desafiante al horizonte, como puerto importante que fue bajo el mandato de las primeras civilizaciones que la conquistaron. Su privilegiada ubicación, con salida al mar Tirreno, convirtió Nápoles en un importante baluarte y puerto comercial de gran peso histórico desde el siglo II a.C. Tanto es así, que la riqueza de su casco histórico (palacios, castillos, iglesias, monumentos) ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. A su encanto se añaden las tradiciones de sus gentes, la naturalidad de la vida cotidiana que se cuela por sus callejuelas, las ropas tendidas de las casas y en el camino sorprende detenerse para admirar algunos de los testimonios arquitectónicos que seducen a cualquier visitante.
Su centro histórico queda dividido en dos por la calle peatonal de “scappanapoli” que divide la ciudad en dos. En su recorrido podrás visitar la iglesia de Gesú Nuovo, cuya fachada ha sido recuperada de un palacio del siglo XV, hasta llegar al Monasterio de Santa Chiara cuyas líneas sobrias remiten al estilo de las iglesias franciscanas sin que pierda encanto o majestuosidad. Pero para templo de culto, nada como el Duomo, la Catedral de Santa María de Assunta, pudo haber estado construida sobre un templo dedicado al dios Apolo y fue mandada construir por Constantino para levantar el primer edificio religioso católico en el siglo IV. El aspecto actual de la catedral, de estilo gótico, se debe al impulso que le dio Carlos de Anjou II a partir del año 1299, cumpliendo el deseo de su padre fallecido. La construcción de la catedral no terminó hasta el año 1314 bajo el mandato de Roberto de Anjou.
Más allá de sus edificios religiosos, en Nápoles si hay un punto de encuentro emblemático ésa es la plaza del Plebiscito: un magnífico conjunto monumental proyectado por el arquitecto Gioacchino Murat que destaca por su impresionante columnata. Presidida por las esculturas de Carlos y Fernando I de Nápoles, la plaza se encuentra en los alrededores de la Basílica de Franceso di Paola y junto al Palacio Real, obra de Domenico Fontana y residencia de los Borbones que es a sede de la Biblioteca de Víctor Manuel II, llena de ejemplares históricos de gran valor. Justo detrás de la plaza se ubica el Teatro de San Carlos, importante templo de la música y del ballet clásico y frente al teatro, no puedes dejar de visitar la Galería Umberto I, que atraviesa la via Toledo, una de las principales arterias de la ciudad, cuya decoración con suelos de mármol y geometrías rebosan elegancia.
Gastronomía napolitana
Desde este punto de la ciudad, es fácil hacer una parada en algún restaurante de sus estrechas callejuelas, como por el barrio de los españoles, el cual respira autenticidad. Estando en Nápoles resulta muy difícil no caer en la tentación de su gastronomía universalmente conocida que combina sabores del mar y de la tierra: la pizza Margarita, sus pastas acompañadas de frutos del mar o sus irresistibles dulces. Además, Nápoles también cuenta con excelentes vinos del territorio, - muchos de ellos elaborados desde la antigüedad - con los que acompañar algunas de estas elaboraciones. El Lacryma Christy del Vesubio de Denominación de Origen Controlada, el Greco di Tufo o el Taurasia con Denominación de Origen Controlada y Garantizada (DOCG) son solo algunos de ellos.
Así, per comenzare a devorar las delicias que ofrece esta ciudad, nada como un antipasti en el que la mozzarella di búfala de Campana con DOP sea la protagonista. Este queso fresco, elaborado artesanalmente, se deshace en la boca liberando un intenso sabor a leche que marida perfectamente con un poco de aceite de oliva virgen extra, un toque de orégano y una rodaja de tomate. En nuestros restaurantes puedes probarla acompañando tus platos de pasta con alguna ensalada como la insalata basílico caprese o bien en alguna de nuestras pizzas, elaboradas al horno y cuyo sabor te trasladará a esta ciudad llena de historia y que presume precisamente de haber inventado tremenda elaboración culinaria reconocida en todo el mundo.
Empezando por la famosa pizza Margherita, en honor a la reina Margarita que lleva en su masa - fina en el centro y alta en los bordes -, los ingredientes con los colores de la bandera italiana: tomate, mozzarella y un toque de albahaca fresca son suficientes para saborear uno de los platos estrella de la cocina italiana y que puedes probar también en nuestros restaurantes. Asimismo, y estando en esta tierra bañada por el mar, es frecuente encontrar en las mesas napolitanas platos de pasta servidos con delicias procedentes del mar Tirreno como son unos clásicos espaguetis con mejillones o almejas.